Gráfica y Música Por Fabián Mucho tiempo después de ganar el Premio Casa de las Américas de Literatura Infantil, la escritora argentina Laura Devetach ayudará a dormir a un niño cubano. La historia transcurre al final de otro día de cuarentena que puede resumirse de esta manera: el chiquillo se tiró temprano de la cama, con ímpetu de infantería, para caer en una trinchera de escasos metros cuadrados que coincide con el área habitable del apartamento familiar y afrontar la misión más aburrida que se le pueda asignar a un soldado de siete años: dar vueltas como una bola de billar entre cuatro paredes. Llega la noche y la madre se pregunta qué hacer para que duerma. El chico, desvelado frente al televisor, mira la película del programa Cuadro a cuadro. No comprende casi nada, pero sus ojos son como los de un novillo salido a la cegadora luz del día en una plaza de toros. ¿Cómo puede sobrevivir al comentarista y al filme? Si las cosas no están del todo perdidas en nuestro mundo, la cálida lectura de un cuento podría noquearlo. La madre repasa el librero con su dedo índice y saca un libro ambarino. Monigote en la arena. Laura Devetach. El libro parece de arena con aquellas guardas amarillas. La letra es grande, el texto corto, ilustrado con hermosos dibujos. Podría ser efectivo a estas alturas de la noche en que ella es incapaz de leer de corrido un cuento al estilo de Andersen. La primera historia cuenta de un monigote en la arena que prefiere borrarse a ser ignorado por los amigos de la playa. En la segunda, el elefante de un circo cae de espaldas y cree que ha desaparecido. Nada es tristeza. En la tercera historia una ratita quiere casarse, pero los pretendientes le ofrecen mundos que le son ajenos. En la siguiente, una profesora toda de plata solo puede ver lo invisible, lo mágico, a través de una hoja seca de árbol. Todo es fantasía. Un garbanzo peligroso protagoniza la quinta historia. La anciana y sus animales creen que el garbanzo puede detonar como una bomba. Lo apresan y entierran en un agujero. Las gallinas lo cubren de tierra hasta que una hierba en forma de serpentina, con vainas cargadas de cientos de garbanzos que servirán para que los niños jueguen y aprendan matemáticas, germina y quiebra el firme suelo apisonado. Los niños que crecieron en el campo sentirán añoranza con este relato. La sexta historia es un ritornelo que recuerda al cuento de la buena pipa. Es semejante a la vida de un chico confinado que se agolpa entre cuatro paredes. El televisor dispara ráfagas, puñetazos y gritos de gentes. La madre cierra el libro y le pide, como en los tiempos de siempre, que haga descender la apacible noche sobre la plaza de toros.
Eduardo Muñoz Bach Monigote en la arena
Eduardo Muñoz Bach Un elefante ocupa mucho espacio
Rosa Salgado Los picaflores de cola roja
Justo Luis García Historia de Ratita
Manuel Bu El garbanzo peligroso
Manuel Bu Cuento que cuento, que cuento, que cuento, que cuento, que cuento,
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