EL EXILIO DE YEYÉ: CUANDO LA TRISTEZA SE CONVIERTE EN ACCIÓN

El 3 de mayo de 1958 tuvo lugar la reunión de Altos de Mompié, en la Sierra Maestra. El objetivo fue analizar la continuidad de la lucha después del fracaso de la Huelga General Revolucionaria del 9 de abril y reorganizar la dirección del Movimiento 26 de Julio, entre otros asuntos. Según el texto "Una reunión decisiva" de Ernesto Guevara -quien participó como invitado- aquél fue un encuentro "tenso" debido a que "la división entre la Sierra y el Llano era real". De aquellas horas de discusión saldría la decisión de que Fidel ocupara el cargo de Secretario General del Movimiento. En el caso de Haydee Santamaría, quien también participó en la cita, se dispuso nombrarla delegada especial de la Dirección Nacional en el exilio y sería enviada a Miami con la responsabilidad de ocuparse de todas las finanzas en el exterior. El propio Che explica en ese escrito, uno de sus Pasajes de la guerra revolucionaria, que todo lo concerniente al envío de recursos desde el extranjero, de ahí en adelante, Haydee lo trataría directamente con Fidel. ¿Cuál sería la expresión de Haydee al conocer su nueva misión? ¿Qué dijo en esa jornada de fuertes altercados, pero también de acuerdos trascendentes, la cual se extendió desde las primeras horas de la mañana hasta pasadas la 2 de la madrugada? Les debo esos detalles. Pero en 2009, el combatiente de la Revolución Belarmino Castilla, quien llegó a obtener los grados de Comandante, contó para un documental que la Casa de las Américas preparaba sobre Haydee lo que sintió ella entonces: "Dijo que le dolía mucho tener que salir de Cuba en medio de aquella lucha pero que era una decisión de Fidel y que se entregaría a ese trabajo allá." Lo cierto es que ese mismo mes de mayo y con el nombre de Nelly Venzal Alomá, Yeyé arribó a los Estados Unidos y no regresaría a Cuba hasta el 2 de enero de 1959. Y durante muchos años, evitó hablar del tema. Uno de sus amigos y combatiente que colaboró con ella en la misión del exilio, Gerardo Pérez-Puelles, contó para el mismo material audiovisual: "Para ella el exilio fue una etapa diferente, no tan peligrosa, pero sí más compleja, porque requería entrevistarse con compañeros, discutir problemas financieros, manejar grandes sumas de dinero, cosa que ella no había practicado. Lo hizo con eficiencia, demostró una inteligencia natural formidable. Se relacionaba con gente de dinero y sabía cómo hacerlo, se reunía con todas aquellas personas a las que se les ponía un impuesto grande y lo pagaban con gusto porque pensaban que así tendrían garantías cuando triunfara la Revolución (...) Yo estuve con ella en algunas de esas reuniones y lo hacía muy bien. Hizo recaudaciones enormes. Estaba viviendo en Miami, donde muchos compañeros iban y le planteaban situaciones y ella, a pesar del cúmulo de trabajo que tenía, los atendía y trataba de resolverles los problemas. Era de un carácter muy humano". Añadió Castilla: "En Miami trabajó fuertemente y tuvo que hablar hasta con contrabandistas porque la misión que llevaba era incrementar los envíos de armas para la guerra. Uno de los envíos fue al II Frente, un avión donde iba Bebo Hidalgo. Se preparó una expedición que fue la mejor que nos llegó. Hay que decir lo que siempre dijo Fidel que el Ejército se caracterizó por combatir con las propias armas del enemigo, pero esa expedición nos permitió reforzar las columnas y esa la mandó Haydee. Con el impuesto de guerra llegamos a recaudar 3 millones de pesos". En una carta enviada desde Miami por Yeyé a Celia, también en ese mismo mayo, le dice: "qué triste se siente uno aquí". Y más adelante, al contarle que el Departamento de Emigración sabe que entró en los Estados Unidos, aunque no cómo lo hizo y la está buscando, añade una certeza que siempre la acompañaba: "no me pasará nada". Todo este preámbulo no es más que para ofrecerles, como ya es habitual en esta sección, las propias reflexiones de Haydee sobre el tema, esta vez extraídas también del conversatorio ofrecido en el año 1978 y grabado por el ICAIC:

"Después de la Huelga de abril, los compañeros de la Sierra estaban sin una bala. Y Fidel, con dos balas, y una en le directo, porque esa vez no lo cogerían vivo. En esas condiciones yo salí del país. Y acepté también esa orden por eso. Porque ni siquiera cumplí la orden cuando Fidel me llamó para que fuera hacia México y venir en el Granma. Estaba terriblemente apegada a la tierra y no quería salir de ella, porque no sabía cómo podría regresar. Y cuando el Granma pensaba que, si por alguna circunstancia me quedaba, ¿cómo regresaba? Y lo mismo me sucedía en ese momento: me voy, y puedo salir, pero ¿cómo puedo entrar? Con eso puedo decirles todo lo que yo pude sentir cuando llegué a una tierra extraña, a un país extraño, a un idioma extraño y a un gobierno enemigo. Nunca he hablado de ello porque si hay algo que pueda desgarrarme fue esa época de mi vida. "Siempre en toda la etapa de la lucha revolucionaria yo tenía ideas muy avanzadas, pero cuidaba mucho lo que se pudiera decir de mí como mujer, porque era cuidar a Abel, cuidar a Boris, cuidar al Movimiento. Y lo que hoy acepto como normal y como lo que tiene que ser, en aquellos momentos a mí me estaba totalmente vedado, porque no era Haydee, era el Movimiento, era la hermana de Abel, la novia de Boris, era la persona vinculada a Fidel y cualquier cosita que pudiera cogerme la policía, en un lugar no correcto - en muchas ocasiones hubo reuniones en cuartos de las llamadas Posadas1 - yo me cuidaba mucho de ir porque si me cogían ahí, ¿qué podía decir la policía? ¿Cómo se me veía a mí? ¿Cómo me verían las mujeres cubanas? "En cambio, en ese país yo conocí -lo que tengo hasta miedo decir porque es a lo que más miedo le tengo- a la mafia. Tuve que reunirme con ellos en los lugares que ellos dijeran, tuve que enfrenarme con ellos donde ellos me llamaran. Y por primera vez tuve que huir con una pistola para defenderme, porque ni siquiera aquí yo andaba con una pistola para defenderme de la policía. Y yo les digo que fueron tal vez los tiempos que, aunque me bañara 3 o 4 veces, cuando regresaba todavía me sentía sucia. No quiero dejar la impresión de que por eso pudo ocurrir algo con mi persona, no, porque a ellos no les interesaba tampoco, porque total yo era una muchachita de 90 libras, pero sí temía que pudieran secuestrarme para exigirle dinero después a Fidel, pero no me quedaba otro remedio. Y con todo eso lo que nos cogieron fue millones de pesos, millones de pesos para no llegar una bala a Cuba, para no llegar un avión a Cuba. Lo que vino de allí o de otras tierras, que no fue tanto, no salió de ese país ni con el aval ni sin el aval de ese país2. Allí nosotros no nos podíamos mover, así que no es que tuviéramos el aval, el aval de ellos no lo queríamos. Pero ni siquiera podíamos mandar unos cuantos tiros para acá. Creo que lo mandamos por el coraje de la mujer cubana que los traían en sus ropas. Se usaban unas faldas muy amplias y le hacíamos bolsas individuales para que no sonaran. Imagínense eso, cuántas balas podrían traer nuestras compañeras, las mujeres cubanas que iban y venían. Empezando que ir y venir era quemarse. Eso es todo lo que sacamos de ese país y si sacamos algo más, no merece la pena mencionarlo porque eso no les daba a nuestros compañeros en la Sierra para enfrentarse ni a 4 casquitos3. Lo que mandábamos era más bien para la ciudad. Así salieron algunas balitas y alguna que otra pistola. Eso es todo lo que salió de Miami. Y en ese caso el coraje de la mujer fue tan grande, de esa mujer que hoy no se conocen sus nombres y son heroínas como yo. Otra cosita que todo el mundo sabe que salió fue un avión de Venezuela y todo el mundo sabe quién lo envió. No fue el gobierno venezolano, fue Larrazábal4, a espaldas del gobierno."

En ese exilio, le sorprendió a Haydee el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959. En ese mismo conversatorio del año 1978, narraría de manera ocurrente y alegre los sucesos que vivió entre el 31 de diciembre y el 2 de enero:

"El 31 de diciembre es mi cumpleaños. Y además se espera el año. Yo estaba en una casa, en la de Yuyo del Valle5. Yo tenía que estar muy triste, como es natural, pero a mí no me gusta llevar la tristeza a los otros (...) Era una familia, había varios cubanos y todos querían esperar el año allí porque al estar yo allí, estaba un pedacito de la Sierra, un poquitico de Fidel, del Moncada, de Cuba. Sentían que yo era la persona que más los acercaba y yo lo sabía (...) Para mí el 31 tiene un significado muy grande, es un nuevo año que viene y es para mí una fecha muy importante, siempre, desde niña. Tanto, que les voy a confesar una cosa: yo no nací el 31 de diciembre. Yo me lo puse desde chiquitica, pero además desde tan chiquitica, que descubrí que no había nacido el 31 de diciembre cuando me fui a casar y me mandaron los papeles. "Yo sabía que me iban a fallar las fuerzas para esperar el nuevo año. Pensaba en Cuba, en la Sierra, en los presos -entre ellos estaba Armando6-. Pensaba en los que no tenían el privilegio de estar combatiendo porque ya no estaban. Así que era demasiada carga. Sabía que habían preparado una espera de año que no era la clásica, sino la de cubanos que estábamos allí esperando la libertad. Pero no quería llevar a los demás compañeros la idea de que yo estaba triste. Entonces se me ocurre, todavía Yuyo no se lo cree. Le digo: mira Yuyo yo espero una llamada a las 11.45, hay algo muy importante que me van a comunicar de Cuba y a esa hora tengo que estar sola en mi cuarto. Y eso era normal, que cuando me iban a comunicar algo, nadie me podía molestar. Le dije: ustedes sigan, canten el himno, el que sea religioso que rece y el que crea en babalawos que pida. Hice jaranas para que creyeran de verdad que yo estaba esperando noticias. Eso se acostumbraba, pero ese fue el único día que lo inventé. Entonces creo que como a las 2 menos cuarto, me llaman y me dicen que era del Consulado cubano. No sé ni cómo sabían mi teléfono: Oiga ¿usted es fulana de tal? ¿Usted sabe que en Cuba ha pasado algo? Digo: que los sé. Y dijo: ¿Y qué hago yo? Usted, quedarse ahí tranquilito y esperar órdenes. Entonces llamo a LLanusa7 y le digo: recibí esta llamada, vámonos para allá. Esa persona me dijo: yo llevo aquí 40 años y no soy político. Vámonos para el consulado porque algo debe estar pasando en Cuba y yo me he hecho la que sé todo y no sé nada. Ellos me dijeron: no vayas tú, quédate por si entra otra llamada. Entonces yo tenía el teléfono de Miró Cardona8 y Carlos Prío9. Los llamé y les dije: ¿ustedes saben que está pasando algo raro en Cuba? No. Y ellos empiezan a llamar a sus contactos. Recuerdo que Miró Cardona después me dijo que él había llamado a un abogado allí en Miami y el hombre estaba durmiendo una tremenda borrachera y le dijo: algo está pasando en Cuba. El hombre le respondió: nooo. Y Miró Cardona le dijo: me lo dijo Haydee Santamaría y ella lo recibió de la Sierra. Entonces el hombre averigua y llama a Miró: ¡Oye dicen que se ha ido el hombre!10 Les dije a mis compañeros: busquen 10 o 12 hombres, ármense. Vayan al aeropuerto a punta de pistola e intervengan todos los aviones cubanos que haya ahí y muéranse dentro del avión. Ustedes no querían ir para la Sierra Maestra, pues esa es su Sierra Maestra. Había como 4 aviones. No hay ley de este país que los haga salir a ustedes de ahí. Eso es Cuba (...) Se me ocurre que a Fidel le podía hacer falta un poder judicial. Y cojo a todos los magistrados, había un grupo allá. Y hablé con un piloto y reúno a todos esos magistrados y les digo: hace falta que vayan para La Habana, incluido mi suegro Hart que era abogado y Miró Cardona, porque así Fidel los tiene allí. Pero pensé: si les digo a este bando de viejos que van para Santiago de Cuba, no van a querer. Y le dije al piloto: te vas para Santiago, no sé lo que va a pasar, pero te tienes que tirar allí. Y efectivamente cuando empieza a sobrevolar sobre Santiago, empiezan a decirle al avión que le van a disparar. Y el piloto dice: oye yo tengo un bando de viejos que María me mandó. Ya el aeropuerto estaba tomado por los rebeldes. ¿Qué María? Y el piloto: ¡María! Ella dice que Fidel los mandó a buscar. Ya Raúl estaba en el Moncada y le consultan y Raúl manda a preguntar sus nombres. Y dice: lo mandó Haydee seguro. Cuando el avión se tiró, se llevaron a esos viejos presos, pero todo se aclaró rápido."

Fidel Castro, Celia Sánchez y Haydee Santamaría en la Sierra Maestra, a inicios de 1958 (Archivo Casa de las Américas).
Haydee en Miami, 1958 (Archivo Casa de las Américas)
Haydee con sus sobrinas en Miami, 1958. Aida, hermana de Haydee y sus hijas regresaron a Cuba a inicios de enero de 1959 (Archivo Casa de las Américas)

1Establecimiento que alquila habitaciones a parejas para breves estadías (en el argot popular cubano) 2Se refiere al conocimiento o consentimiento del gobierno de EE.UU 3Manera en que el pueblo denominaba a los soldados del ejército batistiano por el casco metálico que usaban 4Wolfgang Larrazábal: Presidente de la Junta de Gobierno en 1958 en Venezuela 5Julio del Valle: Colaborador del Movimiento 26 de julio. Haydee vivió en su casa de Miami. 6Armando Hart: Político. Combatiente y esposo de Haydee. Fue Ministro de Educación y de Cultura. 7José Llanusa Gobel: combatiente de la Revolución. Fue Ministro de Educación y Presidente del INDER 8José Miró Cardona: Abogado. Se opuso a Batista. Fue Primer Ministro en 1959. Se sumó a la contrarrevolución. 9Político. Presidente de Cuba 1948-1952 10Se refiera al dictador Batista