LA CASA DEL PREMIO

“Si los concursos literarios fueran, digamos, como las carreras de cien metros […] podrían celebrarse estas justas del talento casi a diario, y, por supuesto, sin fatiga para los jurados, es decir: deportivamente. Pero bien mirado, sería muy aburrido. El juez de una competencia atlética no defiende ninguna causa […]. Pero el jurado de un concurso literario es, de hecho, un concursante más. Lo que gana o pierde su elegido lo gana o lo pierde él también. He ahí lo hermoso del Arte: una causa que se defiende, una convicción por la que se lucha hasta la última gota de sangre.”

Esta hiperbólica opinión de Virgilio Piñera forma parte de un artículo suyo publicado en el periódico Revoluciónen febrero de 1960, pocos días después de que concluyeran las actividades de lo que por entonces se conocía como Concurso Literario Hispanoamericano.

Piñera había sido jurado de aquella primera edición del certamen organizado por la Casa de las Américas, y desató entonces batallas que explican la pasión de sus argumentos. Exageraba, desde luego, pero la esencia de sus palabras (asumir el concurso y la labor de escritores y jurados como una “causa que se defiende”) ayudan a entender la vitalidad de este Premio empeñado en apoyar la literatura del Continente durante casi sesenta años de existencia ininterrumpida.